Foto del “data suit” del “giróscopo interactivo” de los Angel Studios, San Diego, CA. -Foto D. Kirkland .

Foto del "data suit" del giróscopo interactivo de los Angel Studios

 

LA REALIDAD VIRTUAL DESDE EL PSICOANÁLISIS

Artículo publicado en la Revista
“Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis”, nº 22, 1997.

“Todo retorno a Freud que dé materia a una enseñanza digna de ese nombre se producirá únicamente por la vía por la que la verdad más escondida se manifiesta en las revoluciones de la cultura”.

Jacques Lacan, “El psicoanálisis y su enseñanza”.

I.

Era domingo. La tarde languidecía entre la tranquilidad y el bostezo; entonces, caminata hasta el VIPS de López de Hoyos.

Allí la sorpresa se dibujaba en los cuerpos contorsionistas de unos jóvenes con gafas raras: era la realidad virtual canjeable en monedas de veinte duros.

Ella, la vendedora de tickets, con una sonrisa seductora dirigida a la venta de más entradas, me hizo saber que allí estaba el futuro; dijo, por ejemplo, que la realidad virtual se utilizaba en Estados Unidos para obtener pruebas judiciales, y ante mi cara un tanto escéptica, rescató de un manual la reproducción del atentado en las Torres Gemelas de Nueva York que iba a ser utilizado en el juicio. Pero eso era lo de menos, afirmó con tono serio, la creación de mundos virtuales iba a desplazar las actuales formas de vida, existirían en un futuro próximo nuevos modos de relación introducidos por el sentido de realidad de la escena, dada por la inmersión en el mundo virtual. Al mismo tiempo, sostenía que estos adelantos tecnológicos traerían la felicidad a la especie humana. Todo eso era posible habida cuenta que los cascos visores serían reemplazados por la resolución de una imagen directamente lanzada en la retina del usuario, utilizando un láser de baja potencia. A lo que se tenía que agregar el vertiginoso desarrollo del “haptic-feedback”, que es lo que daría la sensación de tacto.

Volvió a abrir su manual “El creador de mundos virtuales” de Bernie Roehl, editado por Anaya, cuyo subtítulo -debo confesarlo- me produjo un gran impacto. Afirma: “Haga realidad el mundo de sus sueños”, y de ese manual me leyó la siguiente cita: “Algunos sistemas de realidad virtual van más allá del simple rastreo de cabeza y mano del usuario. Se examina todo su cuerpo para computar sus movimientos. Sensores en diferentes puntos determinan la parte del cuerpo correspondiente, permitiendo a los usuarios la entrada al mundo virtual de cuerpo entero. A medida que se va moviendo, el equivalente virtual se mueve gesto a gesto”. Esto sirve -lo dice el manual- para coreografías y simulaciones deportivas, entre otras muchas cosas.

El silencio que siguió a esa cita, que se hacía más patente por el bullicio de la sala de juego, me llevó derechito y sin salida hacia una película que había visto días atrás.

Acostumbrados como estamos a los “thrillers” americanos, aquella película se abismaba en una lentitud buscada, donde el paso del tiempo se presentificaba en el cuerpo envejecido de Jeanne Moreau. Pero lo nuevo en esa inteligente película de Win Wenders, llamada “Hacia el fin del mundo”, era el momento en que los personajes quedaban absortos en la contemplación de las imágenes de sus sueños, desconocidos en el estado de vigilia. Estas imágenes, lo recordamos, eran extraídas por sofisticados aparatos directamente de las imágenes de los sueños y grabadas para su visualización. La vista del inconsciente donde eso muestra fantasmas desconocidos para cada cual, pero inaceptables para el yo, producía una compulsión a mirar que hacía recordar a esas ratas conectadas al centro del placer hipotalámico, que de tanto placer mueren de inanición. En esta película puede verse el poder del fantasma en la dimensión de un placer enraizado en el goce, desde cuya perspectiva el “haga realidad sus sueños” aparecía con la marca de lo siniestro.

A medida que la memoria actuaba sobre la escena del VIPS, surgía como contrapunto un nexo recóndito y sutil con otras escenas de algunos debates superpuestos: Sección Clínica de Madrid, donde el debate se centró alrededor de aquellos sujetos que no entran en el análisis; el Espacio Central de la Sección del País Vasco de la EEP, donde discutimos sobre las nuevas modalidades de la demanda; el Espacio de Conferencias de San Sebastián, donde surgió la polémica acerca de las prácticas institucionales.

En esos lugares dije y escuché que, en la medida que la extensión del psicoanálisis progresara, aunque lenta pero muy lentamente, surgirían otros tipos de demanda, cuya textura serían modalidades contemporáneas de vínculo social.

Más allá de los viejos nuevos malestares, las nuevas tecnologías no dejarían de producir efectos sobre el sujeto.

Estas escenas son el ámbito espacial que soporta este trabajo.

II.

Procuremos dar una respuesta desde el psicoanálisis a la profecía dicha por la seductora vendedora sobre la realidad virtual. Pero entre el remolino que causa lo nuevo y la intención que esto depara, no nos dejemos arrebatar por la corriente de la opinión común y centremos el análisis desde una coordenada precisa.

Para ello y en primer lugar, se impone desvelar el estatuto del equivalente virtual corporal, esa especie de doble de un cuerpo libidinizado, que la ficción de Tron autonomiza para enredarlo en las aventuras más bien simples donde los buenos de siempre ganan a los malos de costumbre.

Este equivalente virtual corporal está determinado por el sentido de inmersión o por el sentido del realismo de la escena, dado que los sentidos -cuyo privilegio recae sobre la mirada- pueden sorprender, pero de inmediato podemos afirmar que, a pesar de lo nuevo, nada cambia en relación al cuerpo.

La ciencia nos entrega una reduplicación corporal que es sólo un artilugio, donde la disciplinada voluptuosidad narcisista es simple elongación en la que la percepción juega su juego en la inmersión virtual con su correlato de sentido de la realidad. No es un doble que se podría ubicar en el eje a - a', es en rigor una sombra cuyos terminales perceptivos están sostenidos en lo digital, es decir, en una lógica binaria constitutiva del registro simbólico.

¿Qué brújula adoptar para investigar lo nuevo?. Ciñámonos al uso de nuestros utensilios: con ellos podemos decir que el equivalente virtual corporal sostenido en el discurso de la ciencia hace posible una prolongación de lo imaginario corporal; o para decirlo de otro modo, una prolongación del cuerpo de goce, o mejor aun, una extensión del cuerpo propio.

La misma presencia de un cuerpo desdoblado nos arroja la diferencia entre el cuerpo biológico u organismo y el cuerpo mortificado por el significante, que es en definitiva la muerte de la cosa y la pérdida de un goce pleno siempre supuesto. Extracción de un goce que es una parte compensada por el a, en cuanto plus de goce, y que introduce una separación del goce fálico del goce del cuerpo.

Estas operaciones indican que el cuerpo se introduce en la economía del goce a través de su imagen y por medio de la libido narcisista.

Es decir, que no basta que la imagen del cuerpo se constituya en el estadio del espejo, ya que cierta hostilidad entre el cuerpo y la estructura se reintroduce debido a que la imagen no se sostiene sin carga libidinal, carga que es regularizada por medio de la castración. En el artículo “La imagen del cuerpo en psicoanálisis”, publicada en el Nº 16 de los “Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis”, Jacques-Alain Miller nos dice: “La manera constante por la cual Lacan da cuenta de la preeminencia de la imagen del cuerpo propio en los seres humanos tiene que ver con la suposición de una falta, con la suposición de un agujero que la imagen del cuerpo vendría a colmar, vendría a tapar”. Más adelante, en el mismo artículo, asegura que el soporte de las imágenes del cuerpo propio están determinadas por el Nombre del Padre, a lo que podemos agregar: en tanto y en cuanto el Nombre del Padre es el nudo que permite el despliegue de lo simbólico, que da consistencia a la realidad perceptiva.

Operación que al mismo tiempo nos introduce en la frágil sensación de la realidad dada por la percepción, percepción que se organiza por lo simbólico y cuya contraprueba son los fenómenos elementales de la psicosis.

En el mundo virtual, el equivalente virtual corporal dispondrá de la misma sensación de realidad dada por la percepción a través de un sofisticado sistema simbólico, como se podía ver en los cuerpos de los contorsionistas jugadores del VIPS.

III.

Inconclusa, aún, una valoración psicoanalítica de la realidad virtual, ya que sólo nos hemos detenido en el cuerpo del usuario y sus vagabundeos por lo virtual -que como hemos podido ver no son del orden de la imagen virtual del espejo-, vagabundeos que están lejos de la perfección técnica con que las he descrito, retomemos el “Haga realidad sus sueños” del manual que la seductora vendedora llevaba debajo del brazo.

“Un mundo virtual es un conjunto de objetos, pluses, sonidos y sensaciones físicas que puede experimentar uno o más participantes”, nos dice el manual citado, con lo cual la hipótesis barajada en algunos medios de que las nuevas tecnologías serían un empuje al autismo queda descartada, a no ser que llamemos autismo al juego con el fantasma de cada uno, lo cual es, a todas luces, improcedente.

Traigo lo del fantasma puesto que hay que diferenciar al usuario del constructor del mundo virtual, a quien está dirigida la siguiente frase sacada del ya conocido manual: “Si está construyendo un mundo para su uso personal, deberá dedicar algún tiempo a soñar despierto. Esto será algo complicado, aunque ¿cuánto tiempo no pierde al día en ese tipo de situaciones?. Será incluso más gratificante plasmar sus sueños en un mundo creado por usted mismo... pregúntese a sí mismo qué tipo de personas disfrutarían con este mismo mundo y por qué. Proyecte sus ideas a medida que se le vengan a la cabeza, sin reprimir en ningún momento, haga una lista de ellas e identifique el elemento más importante de cada una”.

Es cierto que uno no puede reprimir la sorpresa de esta inmersión en lo freudiano, ya que recomienda la asociación libre como método de trabajo para llegar a las fantasías diurnas, en las cuales Freud nos entrega la primera figura de fantasma.

El creador del mundo virtual construirá su mundo de acuerdo a sus propios fantasmas, y este mundo fantasmático será más o menos vendible de acuerdo a las posibilidades mayores o menores de identificación del público en general, como pasa ahora con los vídeo-juegos o los juegos de ordenador.

¿Y cuáles son los productos que más se venden?, o de otra manera, ¿cuáles son los relatos fantasmáticos -tomados en su función de condensadores de goce- que son más vendibles?. Iñaqui Juez nos informa en el primer número de la revista “Bikinis” que los ficheros que contienen elementos pornográficos son los más visitados de la red, a años luz de otras fuentes de información más serias y respetables.

Esta respuesta nos sitúa en el uso posible de la realidad virtual en sus aspectos más secretos, conectados a lo sexual, y por este camino nos reenvía al cuerpo.

No está descartada la fantasía de que sería posible un acto sexual en el mundo virtual a través del equivalente virtual corporal con un cuerpo perteneciente al mundo virtual. ¿Qué estatuto tendría ese acto?.

Es una pregunta de difícil respuesta, puesto que el sentido de la realidad sería el mismo que experimentaría un cuerpo con un “partenaire” de carne y hueso. Sin embargo, habría una diferencia entre el cuerpo del cual se goza -o mejor aun, de la parte del cuerpo del otro de la cual se goza en la realidad de todos los días- y el trozo del cuerpo irreal, más que imaginario, de la realidad virtual. De esta manera se presenta una diferencia a elucidar en el registro de los goces.

Esta diferencia se complica debido a la diferente posición en la sexuación de cada sujeto, que lo ubica en la realidad virtual de manera disímil.

Fórmula de la sexuación
(Seminario 20, “Aun”, pág. 95)

Para los sujetos que eligieron el lado izquierdo de la fórmula de la sexuación, podemos afirmar que se goza de una parte del cuerpo del Otro, del a. No hay que olvidarse de que este a está al final de un vector que parte del sujeto barrado, Lacan lo recuerda, es la fórmula del fantasma, que es al mismo tiempo el soporte del principio de realidad freudiana.

Los sujetos que se colocan en la parte derecha de la fórmula de la sexuación, se relacionan con el significante de la falta en el Otro y, al mismo tiempo, Φ.

Para el lado izquierdo: ¿cuál es el estatuto de ese a?. Ese a por el cual se goza del cuerpo del otro tiene una inscripción en los tres registros, siendo lo real el soporte de muchos desarrollos fantasmáticos que obstaculizan el goce. Pero el a de la realidad virtual -supongamos que el desarrollo de la realidad virtual permite ese gozar- es un a que está excluido del registro de lo real.

De otra manera, el a de la realidad virtual queda excluido de lo real, aunque se mantiene en el doble registro de lo imaginario y lo simbólico.

Para el lado derecho, pasa otro tanto de lo mismo, ya que el Φ de la realidad virtual no está anclado en lo real y queda excluido del matema S(A tachado).

Esta exclusión de lo real es lo que hace atractivo al mundo de la realidad virtual, al chateo: se mata sin consecuencias, se realiza el acto sexual sin preocuparse de lo real, en una palabra, produce un sujeto desresponsabilizado.

Esto último no es patrimonio de la realidad virtual, se puede ver a nivel de la televisión, de los juegos de rol, etc. Artefactos creados por el discurso de la ciencia que contribuyen a esta corriente ideológica que viene de EEUU de no hacer responsable al sujeto de lo real. Esta ideología envuelve todos los planes modernos de salud mental que, bajo los calificativos de pragmáticos y de eficacia, inducen una corriente de rápida respuesta a la demanda que deja de lado el goce del cuerpo.

La coqueta vendedora del VIPS pensaba que la realidad virtual iba a cambiar el mundo, en cierto sentido tiene razón. Cambiará las modalidades de diversión, de juegos, el modo de anticipar proyectos, incluso de las grandes investigaciones tecnológicas. Es sabido que los pilotos de avión y los astronautas se entrenan en cabinas de realidad virtual que funden gráficos en perspectiva con imágenes de los situados detrás del parabrisas, dotados además de sistemas de sonido que apuntan lo que sucede a su alrededor; o que los arquitectos pueden pasear por los ambientes que diseñan para percibir la sensación de quienes vivirán o trabajarán en su interior. Todo esto es seguro, pero también es seguro que no eliminarán el malestar, ni introducirán cambios importantes en lo relativo al goce corporal.

Traer a Alexandre Koyré en estos momentos nos puede ser útil para una mayor precisión de lo dicho. Tomemos la oposición herramienta-instrumento que éste utiliza para introducirnos en el entendimiento del universo de la precisión. La realidad virtual estaría más cerca de ser una herramienta, definida como aquello que prolonga y refuerza la acción de nuestros miembros, de nuestros órganos de los sentidos. Aunque también es cierto que esta herramienta es fruto de un complicado sistema simbólico.

La particularidad de esta moderna herramienta radica en la exclusión de lo real, y esta exclusión no es sin consecuencias, una de las cuales será el aumento de la angustia y otra la disminución del síntoma.

IV.

El yo, el cuerpo, el narcisismo tienen su límite en el borde de los orificios corporales, fuente de la pulsión que es, al mismo tiempo, un límite irreductible que vuelve su satisfacción extraña para el sujeto. Satisfacción imposible que, en tanto nuevo límite, convoca lo real.

Retengamos estos pasos y volvamos sobre el usuario. Satisfacción en un mundo virtual donde el despliegue fantasmático sólo tiene como límite los límites del mundo construido por un creador. Los límites de un escenario donde el juego de la satisfacción tiene un cariz narcisista sobre la vertiente imaginaria del fantasma, que al desplegarse en múltiples facetas permite un navegar que, por cierto, nunca concluirá su travesía.

Pues en este despliegue de imágenes superpuestas, de cuerpos elongados en su dimensión imaginaria -doble superficie para el goce- que sólo tendrá de la realidad su consistencia dada por los múltiples aparatos del “sensorium”, acceso precario que queda modelado por otra realidad que hace su juego, la realidad del fantasma eludirá lo real de la pulsión.

Y este juego virtual de nuevo cuño, este juego que juega el cuerpo virtual en la realidad virtual, no tropieza con lo imposible de la satisfacción; y esta falta de tropiezo consagra en los altares de lo digital la subjetividad de un goce todo, de un posible de la relación sexual protegido en la realidad virtual.

Es decir, que falta la falta -lo cual es otra forma de decir lo real que señala lo imposible- y los juegos donde esa falta, donde ese contornear el cuerpo del Otro es soportado por el fantasma; la preeminencia del placer es lo que ordena.

Ese fantasma puede ser situado, en el nivel de la cadena inconsciente, como correspondiente a la identificación del sujeto que habla como “yo” en el discurso de la conciencia; esta transferencia de goce del fantasma al yo elide lo real en el campo de lo virtual, produciendo un atascamiento del deseo.

Lo cual no deja de tener consecuencias, puesto que -lo dijimos- el cuerpo virtual es una simple reduplicación del cuerpo, y en este cuerpo original aparecerá la angustia como signo de empuje de lo real elidido en el cuerpo virtual.

Esta emergencia de lo real en lo imaginario del cuerpo es el precio a pagar por el sujeto para mantenerse en la irresponsabilidad.

De esta manera, se cierra un nuevo circuito introducido por el discurso de la ciencia y el discurso del capital: mayor producción de angustia, a lo que corresponde mayor venta de ansiolíticos. En este circuito el discurso analítico ofrece la solución de poner lo real en su lugar, o lo que es lo mismo, hacer la experiencia de los imposibles para que el sujeto se haga responsable de lo real.

En el número de noviembre de 1995 de la revista “Investigación y Ciencia”, Brenda Laurel, que se haya vinculada a “Interval Research Corporation” de Palo Alto, afirma que a la realidad virtual le interesa la naturaleza del cuerpo -el funcionamiento de nuestros sentidos, la forma en que nos movemos, cómo tenemos la sensación de encontrarnos en cierto lugar y el modo en que nos afecta la sensación de estar allí. En esta línea de investigación digital se excluyen las consideraciones sobre el goce del cuerpo determinadas por lo simbólico, al tratar la percepción independientemente de lo simbólico. Este tratamiento de la realidad virtual contribuye a mantener al sujeto en su irresponsabilidad con su correlato de angustia. Pero entendamos bien, no se trata de la irresponsabilidad en su sentido moral, se trata de la irresponsabilidad del sujeto como respuesta de lo real.

Vicente Mira lo decía en las jornadas de Málaga de la siguiente manera: “Es la responsabilidad de la posición respecto al deseo, a la satisfacción, a los efectos del acto, la que reintroduce al sujeto no ya como efecto de los significantes del campo del Otro, sino como respuesta de lo real”.

Una de las sorpresas que la realidad virtual puede depararnos es alrededor de esta exclusión de lo real. Recordemos el Seminario 4, donde Lacan afirma que la angustia surge cuando el sujeto se encuentra despegado de su existencia, cuando se ve a sí mismo a punto de quedar capturado en la imagen del Otro, en la tentación. Momento de suspensión del sujeto que implica un tiempo en el cual no se sabe dónde está y en el cual no puede reconocerse.

V.

Todo vivir en el reino de la realidad virtual nos arroja a la elongación del cuerpo perceptivo en ese espacio digital que nos reclama. De donde surge, como es necesario, un último interrogante que es menester responder para cerrar el argumento sobre la angustia. Interrogante que cierra la serie usuario, creador y, ahora, pregunta: ¿qué es el espacio de la realidad virtual?.

No deja de llamar la atención que la etimología nos señale el espacio como un derivado de “epatium”, que porta una significación precisa: campo para correr. Y lo que sorprende es la referencia al cuerpo y a su movimiento.

La concepción mimética del espacio virtual sobre el espacio perceptivo nos indica, en su movimiento, que es desde el cuerpo donde éste se construye. Pero especifiquemos, es desde el ojo como cuerpo desde donde toma su punto de partida, cuya consecuencia es un continuo imaginario en el cuerpo; su imagen i(a) produce un efecto de fascinación narcisista para eludir la pérdida.

Es lo que Lacan viene a decir en el Seminario 11 cuando afirma que la visión se ordena en función de las imágenes. Definiendo esta función por una correspondencia punto por punto de dos unidades en el espacio. Al invertir este argumento nos encontramos con las determinaciones que fundan el espacio virtual, es decir, la correspondencia biunívoca de los puntos que conforman el espacio.

Esa acumulación de los sentidos tiene como punto privilegiado al ojo, al ojo que es ya un espejo, espejo del ojo que organiza el espacio. Y este punto del ojo es uno, es un punto que contiene a los múltiples del espacio, es el fundamento del uno y del otro. Pero lo que por el significante queda asociado, espejo, es necesario separar, ya que este espejo del ojo no es el espejo de la fuente de Narciso, sino que es lo que en el momento del deseo sexual hace entrar la negatividad como instrumento del deseo.

En este punto conviene recordar la esquizia entre el ojo y la mirada, lo que nos sitúa en un registro que está más allá de lo imaginario, puesto que a nivel escópico aparece el deseo como deseo del Otro.

Para lo cual hay que entender que el frío vidrio que conforma al ojo marca la falta a la que está enlazada la satisfacción. Imagen corporal reduplicada tapará con más fuerza el agujero cavado por lo simbólico. En la realidad virtual, lo recordamos una vez más, falta la falta y sólo está la relación del deseo con lo imaginario del fantasma. Esa no coincidencia de la falta con el acto promovido por el deseo, tarde o temprano producirá la angustia, puesto que ésta apuntará a la verdad de esa falta; o para escribirlo de otra manera: la angustia señalará lo real no incluido en la realidad virtual.

Lo cual puede ser visto desde la luz de la realidad virtual, puesto que esta luz muestra una profundización de la esquizia, separación radical donde la mirada queda fuera del espacio desde donde eso muestra el deseo del Otro colocado en un objeto difuso que en su no cesión anticipa la angustia.

© ARTURO ROLDÁN
 

     
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