NOTAS SOBRE LA SOSPECHA
Artículo publicado en la Revista "Acentos" nº 19,
de Febrero de 1999.
0.
0 - 1. “Diccionario etimológico de la lengua castellana”, Joan
Corominas. Sospechar: del latín imperial “suspectare”, del latín clásico
“suspicari”. Der: sospecha, sospechoso.
0 - 2. Las significaciones que la etimología propone son múltiples y
contradictorias, es decir: antitéticas. Tengamos en cuenta para nuestro
uso el abanico de significaciones que va de “suspicacia” a “sostén”.
0 - 3. “Diccionario de la lengua española”, Real Academia. Sospecha:
“aprehender” o “imaginar” una cosa por “conjeturas” fundadas en
apariencias o visos de verdad.
0 - 4. De la definición académica podemos resaltar el vínculo de la
“sospecha” con la “verdad”. Relación sospechosa, a decir verdad, puesto
que el punto de partida es la conjetura sobre una supuesta verdad y, si
esta verdad se verificase, cesaría la sospecha al devenir la certeza.
0 - 5. De lo anterior se deduce que la sospecha “suspende el tiempo”,
es decir que es un momento transitorio (por muy prolongado que éste sea)
que lleva a una conclusión: la verificación o no de una verdad.
1.
1 - 0. Entre la sospecha y la verificación o no de la verdad se
desarrolla todo un género literario: la novela policíaca. Muchos
consideran a Edgar Allan Poe el primer especialista de este género y el
creador de su primer detective: Augusto Dupin, quien será el
protagonista de tres de sus narraciones: “Los crímenes de la calle
Morgue”, “El misterio de Marie Roget” y “La carta robada”.
1 - 1. J. Lacan se sirve de esta última narración, “La carta robada”,
para extraer algunas consecuencias psicoanalíticas. Su estructura hace
posible leer en ella la repetición, por la insistencia de la cadena
significante. En esa insistencia está oculto lo que se repite, lo cual
es sumamente importante porque, para que exista la sospecha en el mundo,
es necesario que la verdad pueda ocultarse, que la verdad pueda
esconderse. Estamos en lo que sostiene a la sospecha y hace posible el
sospechoso.
1 - 2. El “sospechoso”, de esta manera, es aquel que pudo haber
escondido, ocultado una verdad. Si la sospecha es un tiempo suspendido,
el sospechoso pasa a ser sospechoso para siempre aunque se demuestre que
no ocultó la verdad. En la psicología de las masas se puede observar
que, transformar a alguien en sospechoso, es una maniobra forzada en las
luchas de poder... y de aquí se deduce el poder de la sospecha.
2.
2 - 0. En otros casos se constata la voluntad de mantener “la
sospecha como una posición de goce” inconmovible, y esto hace a la
clínica de la sospecha.
2 - 1. El ejemplo más claro de lo anterior es el del “celoso” que
retrocede ante la posibilidad de encontrar una prueba evidente de la
infidelidad, de la mentira. El sujeto prefiere mantener el goce de la
sospecha antes que la verificación de la verdad. Esto por varias
razones, de entre las cuales, las dos fundamentales son: la primera, por
lo que en freudiano se llama “beneficio secundario”, y que se manifiesta
en su sostener la procrastinación; y la segunda, por el “beneficio
primario”, que funciona como un condensador del goce que fija la
satisfacción. Mantener la sospecha le evita entender que la falta está
en el Otro, que hay una falta en el otro, que el Otro falta.
2 - 2. Las relaciones entre el “mantener la sospecha” y el “amor” no
son fáciles de dilucidar: en algunos casos, la sospecha funciona como
condición del amor pero, en otros, el amor es la condición de la
sospecha.
2 - 3. En la “psicosis” no funciona la sospecha, funciona la certeza.
La sospecha se instala como elemento segundo con relación a la certeza.
El odio en la paranoia puede hacer del otro un celoso, o del sospechoso
un ser odiado. El amor en la erotomanía se confunde con la certeza, no
quedando lugar para la sospecha.
© ARTURO ROLDÁN
|