Edgar Allan Poe, el genial escritor al
que se suele considerar como el creador de
todo un género literario: la novela policíaca.

Edgar Allan Poe (1809-1849)

 

NOTAS SOBRE LA SOSPECHA

Artículo publicado en la Revista "Acentos" nº 19,
de Febrero de 1999.

0.

0 - 1. “Diccionario etimológico de la lengua castellana”, Joan Corominas. Sospechar: del latín imperial “suspectare”, del latín clásico “suspicari”. Der: sospecha, sospechoso.

0 - 2. Las significaciones que la etimología propone son múltiples y contradictorias, es decir: antitéticas. Tengamos en cuenta para nuestro uso el abanico de significaciones que va de “suspicacia” a “sostén”.

0 - 3. “Diccionario de la lengua española”, Real Academia. Sospecha: “aprehender” o “imaginar” una cosa por “conjeturas” fundadas en apariencias o visos de verdad.

0 - 4. De la definición académica podemos resaltar el vínculo de la “sospecha” con la “verdad”. Relación sospechosa, a decir verdad, puesto que el punto de partida es la conjetura sobre una supuesta verdad y, si esta verdad se verificase, cesaría la sospecha al devenir la certeza.

0 - 5. De lo anterior se deduce que la sospecha “suspende el tiempo”, es decir que es un momento transitorio (por muy prolongado que éste sea) que lleva a una conclusión: la verificación o no de una verdad.

1.

1 - 0. Entre la sospecha y la verificación o no de la verdad se desarrolla todo un género literario: la novela policíaca. Muchos consideran a Edgar Allan Poe el primer especialista de este género y el creador de su primer detective: Augusto Dupin, quien será el protagonista de tres de sus narraciones: “Los crímenes de la calle Morgue”, “El misterio de Marie Roget” y “La carta robada”.

1 - 1. J. Lacan se sirve de esta última narración, “La carta robada”, para extraer algunas consecuencias psicoanalíticas. Su estructura hace posible leer en ella la repetición, por la insistencia de la cadena significante. En esa insistencia está oculto lo que se repite, lo cual es sumamente importante porque, para que exista la sospecha en el mundo, es necesario que la verdad pueda ocultarse, que la verdad pueda esconderse. Estamos en lo que sostiene a la sospecha y hace posible el sospechoso.

1 - 2. El “sospechoso”, de esta manera, es aquel que pudo haber escondido, ocultado una verdad. Si la sospecha es un tiempo suspendido, el sospechoso pasa a ser sospechoso para siempre aunque se demuestre que no ocultó la verdad. En la psicología de las masas se puede observar que, transformar a alguien en sospechoso, es una maniobra forzada en las luchas de poder... y de aquí se deduce el poder de la sospecha.

2.

2 - 0. En otros casos se constata la voluntad de mantener “la sospecha como una posición de goce” inconmovible, y esto hace a la clínica de la sospecha.

2 - 1. El ejemplo más claro de lo anterior es el del “celoso” que retrocede ante la posibilidad de encontrar una prueba evidente de la infidelidad, de la mentira. El sujeto prefiere mantener el goce de la sospecha antes que la verificación de la verdad. Esto por varias razones, de entre las cuales, las dos fundamentales son: la primera, por lo que en freudiano se llama “beneficio secundario”, y que se manifiesta en su sostener la procrastinación; y la segunda, por el “beneficio primario”, que funciona como un condensador del goce que fija la satisfacción. Mantener la sospecha le evita entender que la falta está en el Otro, que hay una falta en el otro, que el Otro falta.

2 - 2. Las relaciones entre el “mantener la sospecha” y el “amor” no son fáciles de dilucidar: en algunos casos, la sospecha funciona como condición del amor pero, en otros, el amor es la condición de la sospecha.

2 - 3. En la “psicosis” no funciona la sospecha, funciona la certeza. La sospecha se instala como elemento segundo con relación a la certeza. El odio en la paranoia puede hacer del otro un celoso, o del sospechoso un ser odiado. El amor en la erotomanía se confunde con la certeza, no quedando lugar para la sospecha.

© ARTURO ROLDÁN
 

     
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