Lacan a la salida
de su Seminario
en marzo de 1980.

Lacan en 1980

 

RECORRIDO DEL SÍNTOMA AL “SINTHOME”

Seminario impartido por Arturo Roldán en 1996

Introducción.

Comenzamos hoy este seminario que va del síntoma al “sinthome”, es decir, intentaremos realizar un recorrido por las variaciones del síntoma en la enseñanza de Lacan.

Para realizar este recorrido es necesario situarse en las últimas concepciones del síntoma formalizadas por Freud, conceptualización que no es simple puesto que entran varias sobredeterminaciones en su formación.

El punto de partida, sin embargo, está claro: es la subversión que Freud introduce sobre el síntoma médico. Desde el comienzo de su obra el síntoma analítico no es signo de una patología, sino que es retorno de lo reprimido, conflicto, formación de compromiso. Desde estas teorizaciones parte Lacan para llegar, al final de su enseñanza, al “sinthome”, y desde este punto de partida realizaremos un recorrido por los distintos seminarios.

Libro I. Los escritos técnicos de Freud (1953-54).

“Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” fue el informe que Lacan presentó en el Congreso de Roma los días 26 y 27 de septiembre de 1953, mientras que la primera lección del Seminario 1 está fechada el 18 de noviembre de 1953.

La sola lectura de estas fechas nos permite deducir una relación entre ambos textos, relación en donde los avatares de la enseñanza nos muestran el Seminario 1 en la línea lanzada por el escrito. De esta manera, cualquier indagación sobre dicho seminario debe tener como telón de fondo el escrito citado, donde está colocada una piedra fundante del edificio lacaniano: “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”. A lo que hay que agregar que introduce una concepción del síntoma muy precisa: “el síntoma es el significante reprimido de la conciencia del sujeto”, es una cifra y, por lo tanto, un sentido reprimido.

Como continuación de esta apertura podemos citar una frase del Seminario 1: “El hallazgo del análisis... es haber percibido la relación problemática del sujeto consigo mismo y haber puesto esa relación en conjunción con el sentido de los síntomas... Es el rechazo de ese sentido por el sujeto lo que le plantea un problema. Ese sentido no debe serle revelado, debe ser asumido por él”.

De esta cita podemos sacar dos conclusiones importantes. La primera es que, para el Lacan del Seminario 1, el síntoma está íntegramente en el registro del sentido. Esta ubicación precisa abre el problema del sentido, o dicho de otra manera: ¿qué sentido tiene el síntoma?.

Recordemos que estamos en la enseñanza de un Lacan freudiano y que, por eso mismo, lo que cobra importancia es la historia del sujeto, el sentido de su novela familiar, el sentido que puede dar a su historia. El sentido del síntoma es lo que ha quedado fuera del sentido, y a esto que ha quedado fuera se le puede dar otro sentido por la interpretación.

En este breve recorrido nos encontramos con dos términos a despejar: sentido y significación. No es posible su nivelación puesto que sus avatares recíprocos tienen una y mil contradicciones en la enseñanza de Lacan que a veces nos llevan a verdaderos callejones sin salida.

Tomemos otra cita del Seminario 1: “El síntoma se presenta en primer lugar como un trazo borrado, es aproximándose a él como se verá el sentido”. Es decir, que ubicando el síntoma como el sentido de un trazo borrado puede encontrarse su ubicación entre lo simbólico y lo real. Aquí encontramos el sin sentido profundo de todo síntoma. Por el contrario, podemos ubicar la significación, como sentido comprensible, entre lo imaginario y lo simbólico.

Lo anterior tiene como trasfondo el espíritu inaugural de 1953, “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, donde podemos leer esa poética definición del inconsciente: “es el capítulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste, es el capítulo censurado. La conexión entre el capítulo censurado y los capítulos que lo enmarcan será restablecida por la recuperación del sentido histórico”.

Sentido histórico que se resuelve por el síntoma al ser situado a nivel de la palabra, palabra que es leída en el campo del lenguaje, donde es posible su resolución. El síntoma es una palabra que debe ser liberada.

El síntoma aparece en la palabra, o mejor aun, es la palabra que viene del Otro y va hacia el Otro, donde obtendrá su sentido. Recordemos que el sentido del síntoma ha sido reprimido. En el seminario de Barcelona sobre “Die Wege der Symptombildung”, J. A. Miller lo dice de esta manera: “En el texto inaugural de Lacan el síntoma aparece como un sentido reprimido. Por supuesto que hay que tomar en cuenta el significante de ese sentido reprimido, de tal manera que diré que el síntoma aparece como un enigma. Se manifiesta soportado por un significante de un significado que está reprimido, es decir, que no ha sido comunicado o aceptado por el Otro”.

Se habla y se habla, y en ese hablar lo que está presente es un significante reprimido. Este significante reprimido constituye lo sintomático. Pero la significación reprimida puede ser tomada de una parte del cuerpo o del pensamiento y manifestarse en la histeria o en la obsesión.

Definido el síntoma por un significante reprimido el problema que se plantea es el de la represión, problema que Lacan resuelve en la clase que se llama “el núcleo de la represión”.

Parte del trauma freudiano cumple su función represora a posteriori, repartiendo las letras del sujeto. Y es en este movimiento, a partir del que algo se desprende del sujeto -éstos son los términos de Lacan-, que no se reintegrará pero que permanece hablando, lo cual el sujeto no domina.

Este desprendimiento simbólico será el núcleo de lo que después se llamarán los síntomas, es decir, un punto central de realización sintomática en donde la represión y el retorno de lo reprimido constituyen el eje.

Ha sido muy extensa la primera conclusión que dedujimos de la primera cita de Lacan del Seminario 1, pero nuestra afirmación fue que sacaríamos dos conclusiones. Para la segunda conviene recordar el final de la cita: “ese sentido no debe ser revelado, debe ser asumido por él”. Segunda conclusión: en la dirección de la cura el analista no debe suministrar sentido, sólo debe esperar que el sentido sea asumido por el analizante. Ésta es una indicación precisa, puesto que más allá del problema del sentido la indicación permanece: el “debe ser asumido por él” nos indica la posición del analista.

Libro II. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954-55).

Podemos localizar en el Seminario 2 una concepción del síntoma que es continuación directa de su concepción sobre el síntoma del Seminario 1: “Una palabra es matriz de la parte desconocida del sujeto, y ése es el nivel propio del síntoma analítico”. Es decir, que continúa situando el síntoma como una palabra censurada.

Sin embargo, existe entre el libro I y el libro II un ligero desplazamiento que coloca al síntoma en el cruce de dos series: “la coalescencia de dos series -al menos- de motivaciones, es necesaria para la producción de toda formación sintomática. Una es sexual, la otra es, según el nombre que nosotros le damos, lo simbólico”.

Al desvanecerse las vicisitudes del acto creador, “función y campo”, emerge -en el retorno a Freud- una dimensión imaginaria del síntoma que, en definitiva, muestra su cara de goce, lo sexual, y su envoltura formal, lo simbólico.

Ubicación precisa y necesaria en la enseñanza de Lacan, puesto que al final de este seminario afirma que el síntoma analítico se distingue de cualquier índice natural ya que está estructurado en términos de significante y significado, es decir, en el orden simbólico.

Lo anterior incita a retomar el problema del sentido, máxime cuando hemos releído al final del Seminario 2 esta definición del sentido: “El sentido consiste en que el ser humano no es el amo de ese lenguaje primordial y primitivo. Fue arrojado a él, metido en él, está apresado en su engranaje”. Esta cita, extraída de la clase “Psicoanálisis y cibernética”, nos indica el camino de su concepción del sentido en ese momento de su enseñanza.

Toma de la cibernética la noción de mensaje, que es reducido a una serie de signos y que, por este motivo, está diferenciado de lo que habitualmente llamamos mensaje que siempre porta un sentido. Para argumentar esta posición, afirma que la cibernética es una ciencia de la sintaxis, paso fundamental, ya que en esos momentos de su obra afirma que las ciencias exactas no hacen otra cosa que enlazar lo real a una sintaxis. Otro paso más y coloca la sintaxis como una serie de signos orientados, donde la orientación marca un sentido pero no en todos los sentidos de la palabra sentido. Podemos deducir, siguiendo el texto, que el sentido de la sintaxis es su orientación y que el sentido de la semántica es la suma de los sentidos a lo largo de la historia.

Lo anterior es sumamente útil para entender la concepción del síntoma como mensaje que debe ser tomado a nivel de la sintaxis.

Esta concepción del síntoma hace posible una redefinición de la psicoterapia que conviene remarcar. Por un lado tenemos el concepto de síntoma analítico, definido como una palabra que es matriz de la parte conocida del sujeto, a lo que se le opone la idea de un individuo forjado a partir de nuestra concepción del desarrollo normal. Con respecto al primero, el psicoanálisis interviene por medio de la interpretación sobre lo descentrado del sujeto. Por el contrario, la idea de un individuo normalizado, un normópata, producirá un diálogo “interyoes” que dejará un puro efecto de sugestión.

Libro III. Las psicosis (1955-56).

El estudio de la psicosis plantea un problema en la conceptualización del síntoma realizada por Lacan hasta ese momento. No puede seguir sosteniendo el síntoma como un retorno de lo reprimido, es decir, como un efecto de sentido producido por un significante censurado y que opera a nivel de la palabra. Y esto por una razón muy simple: el síntoma psicótico, que va desde las alucinaciones hasta los problemas en la imagen corporal, tiene un estatuto distinto y diferencial que no permite ninguna semejanza.

Como contrapartida al síntoma neurótico coloca al síntoma psicótico, que adquiere su matiz propio al ser designado como fenómeno elemental. El esfuerzo de Lacan en este seminario consiste en ubicar el síntoma psicótico dentro de unas coordenadas simbólicas.

Esta verificación nos lleva a situar la palabra en el habla, de donde deduce que el hablar es un mensaje que el sujeto recibe del Otro en forma invertida. El síntoma psicótico no tiene estas características, puesto que -lo sabemos- la función de la palabra se inscribe dentro del campo del lenguaje.

Si el síntoma neurótico es el retorno de lo reprimido, el síntoma psicótico es el retorno de un significante en lo real que producirá una significación enigmática para el sujeto.

Pero el rodar de su enseñanza nos muestra en el Seminario 3 una ligera oscilación en relación al Seminario 2. Citemos: “Para que haya síntoma es necesario, al menos, que haya dos conflictos en causa, uno actual y otro antiguo”.

Libro IV. La relación de objeto (1956-57).

Dora, la joven homosexual, el fetichismo, el travestismo, la fobia, son interrogados desde el complejo de castración situado como nudo central de la teoría. Para ello, sustituye la vaga noción de la relación de objeto por las tres categorías de la falta de objeto: castración simbólica, frustración imaginaria y privación real.

Desde la reapertura que hace posible esta redefinición de la falta, ubica al significante reprimido, al significante sintomático, como una verdadera condensación de múltiples sentidos, al que no puede dársele un sentido único. Es así como el caballo de Juanito no solo representa el miedo al padre, sino que también puede representar el miedo a la madre y así de seguir... Pero lo importante es la aparición del significante reprimido que produce una transformación en lo simbólico, un reordenamiento de la vida que entra a girar alrededor del significante sintomático.

Esto puede aclararse si entendemos la neurosis como una pregunta que incluye al propio sujeto y sin que éste lo sepa. El síntoma es la parte viva de la pregunta, el significante reprimido que reorganiza lo simbólico. Lacan, para ilustrarnos esto, toma como ejemplo la anorexia nerviosa, ejemplo que le permite afirmar que no hay ningún objeto real y, por lo tanto, que se trata de una satisfacción sustitutiva de la saturación simbólica. Ahora bien, esta satisfacción sustitutiva que ha reordenado lo simbólico no puede ser tomada a la ligera, ya que decir que la satisfacción del síntoma es igual a la satisfacción originaria es tener poca idea del síntoma analítico.

Libro V. Las formaciones del inconsciente (1957-58).

Construir la gramática inconsciente nos deja, en el apartado III del escrito citado, entre la letra, el ser y el Otro.

Hay un momento en este escrito en el que la letra se detiene, quizás porque en esa temprana aparición su uso tenía una cierta confusión con el del significante.

Pero dejemos rodar la letra hasta el final de la enseñanza de Lacan, donde la volveremos a encontrar, y retornemos por un momento a su instancia que se formaliza en la metáfora y la metonimia. En otras palabras, el síntoma aparece como una metáfora y el deseo como una metonimia.

Pero los opuestos se desvanecen cuando entra a jugar la estructura: “Lo que Freud descubre esencialmente en los síntomas, ya sean los síntomas patológicos o lo que él ha interpretado como lo que se presenta más comúnmente en la vida normal -el lapsus, el chiste, el acto fallido- es siempre un deseo”, a lo que hay que agregar que siempre es un deseo reprimido.

Cuando se afirma, como lo hizo Freud y en este seminario lo retoma Lacan, la relación entre síntoma y deseo reprimido, se tropieza con el problema de la satisfacción. Por supuesto, esto no se le escapa a Lacan. Así, en medio de este seminario afirma: “...en el síntoma mismo hay algo que se asemeja a una satisfacción. Pero acerca de esta satisfacción me parece suficiente marcar su carácter problemático, en tanto se trata de una satisfacción al revés”.

Como contraparte de la satisfacción que el síntoma porta, está el sentido del síntoma ya que, ampliando su concepción de éste en el Seminario 1, Lacan afirma en 1957, en “L'Express”, que el psicoanálisis es una ciencia que realiza una lectura del sentido. (Esta entrevista fue publicada en castellano en la revista “Psicoanálisis” del “Grupo de Estudios Psicoanalíticos - Israel”).

Pero hay más, puesto que a una pregunta del periodista sobre los estadios previos al lenguaje contesta de la siguiente manera: “Los síntomas, cuando Ud. cree reconocerlos, no le parecen irracionales más que porque Ud. los toma en forma aislada y quiere interpretarlos directamente”. A lo que puede agregarse: “El psicoanalista no es un explorador de los continentes desconocidos o de los grandes fondos, es un lingüista: él aprende a descifrar la escritura que está ahí, ofrecida a la mirada de todos, pero que permanece indescifrable mientras que de ella no se conocen las leyes, las claves”.

En la conferencia de prensa citada, Lacan toma como ejemplo los jeroglíficos egipcios en un punto preciso: el pequeño signo buitre no quiere decir nada aislado del conjunto al cual pertenece. En otras palabras, el significante no está solo.

Jeroglífico, cifra, letra,... En el escrito contemporáneo que estamos comentando, “El psicoanálisis y su enseñanza”, podemos leer: “El síntoma psicoanalizable, ya sea normal o patológico, se distingue de otros síntomas porque su estructura es idéntica a la del lenguaje”. Aquí vale la pena recordar la diferencia dentro del lenguaje entre significante y significado, cuya correspondencia no es biunívoca.

Esto hace posible que el síntoma pueda leerse, porque el síntoma se forja en un proceso de escritura, es decir, porque está determinado por la estructura significante.

El síntoma es entonces una formación del inconsciente con su propia modalidad de goce (síntoma patológico) y, al mismo tiempo, podemos afirmar que el lenguaje está dado por un proceso de escritura.

Jeroglífico, cifra, escritura, desciframiento,... ¿pero qué es la cifra?. Para acercarnos a su concepción podemos recurrir al libro “Las cifras”, de Georges Ifrah, donde podemos leer que su origen se encuentra en el momento en que los números se comienzan a representar mediante signos gráficos, en plena civilización sumeria. Más adelante, los egipcios inventan su propias cifras, donde las palabras pasan a lo cifrable.

La cifra tiene un límite en su desciframiento, un límite que está entre lo simbólico y lo real.

En este seminario podemos leer dos clases referidas al síntoma. En la primera, “Las máscaras del síntoma”, en función de lo paradójico del deseo humano, el término máscara se refiere a lo que del sujeto aparece como consecuencia de la satisfacción del deseo reprimido. Cifra y máscara del síntoma.

Libro VI. El deseo y su interpretación (1958-1959).

Hay otra línea que se viene dibujando en la enseñanza de Lacan, línea que va del falo como objeto imaginario al falo en su estatuto simbólico. Conclusión que queda plasmada en “La dirección de la cura” (1958) al colocar al falo en el registro significante, lo cual permite hablar de identificación al falo con su consecuencia obligada: el falo no es un objeto parcial.

En este seminario, el síntoma queda unido al deseo del Otro.

Libro VII. La ética del psicoanálisis (1959-1960).

Podemos comenzar diciendo que el Seminario 7 es el primer tratado sobre el goce y, por lo tanto, un primer tratamiento a fondo de la pulsión de muerte. En este desarrollo encontramos al goce como transgresor, sobre la lógica de “El malestar en la cultura” que, en definitiva, nos dice que sin represión de la pulsión sería imposible la vida en comunidad, y que la represión de la pulsión produce neurosis ya que engorda al superyó.

La dimensión arriba esbozada hace posible entender al síntoma como retorno, por vía de la sustitución significante, de esto que está en el fin del “trieb”. La satisfacción paradójica del síntoma se entiende ahora por ser una satisfacción reprimida de la pulsión, su núcleo de goce, siendo su estructura formal la sustitución significante.

Libro VIII. La transferencia (1960-1961).

Como su nombre lo indica, es un seminario dedicado a la transferencia donde hay un extenso desarrollo sobre el fantasma y un silencio alrededor del síntoma. Pero ese silencio es roto para decirnos algo que merece ser rescatado en función del recorrido que vamos realizando: me refiero a la relación entre el síntoma y el destino.

Cuando Lacan se pregunta: “¿Es que es esto, el psicoanálisis, a fin de cuentas, una introducción del sujeto a su destino?”, se responde de forma taxativa: “Evidentemente no”. Y continúa: si nos enseñaron a ver en la figura de los síntomas algo que tiene que ver con esta figura del destino, de lo cual se deduciría que el síntoma en su significación es el destino, lo que podemos obtener como conclusión es que la única praxis que puede cambiar el síntoma como destino de un sujeto es el psicoanálisis, en la medida que no implica reducir el síntoma por sugestión.

Sin embargo, no puede dejar de señalarse que este Seminario de “La transferencia” coincide en el tiempo con su escrito “Subversión del sujeto”, donde está el grafo desarrollado en su plenitud y donde el síntoma se aloja en s(A) como un efecto del significado del Otro. Esta significación del Otro está teñida del fantasma, que es en el grafo el punto de parada anterior, alojado del lado de las respuestas.

Libro IX. La identificación (1961-1962).

En este seminario son muy escasas las indicaciones sobre el síntoma y no varían en nada fundamental la concepción del mismo. Pero ahí donde el silencio reina sobre el síntoma, se sientan las bases para sus desarrollos futuros, y esto porque, en su entorno, Freud ha tropezado con los tres tipos de identificaciones, extrayendo de una de ellas el rasgo unario, soporte, pilón central de dichos desarrollos futuros.

Este rasgo unario tiene un estatuto preciso: darle una identidad al sujeto cuyo punto de partida es la falta en ser del sujeto. Pero al mismo tiempo que le da una identidad, hiende al sujeto, por eso el sujeto aparece como dividido por el rasgo unario que viene del Otro.

Libro X. La angustia (1962-1963).

El tratamiento de la angustia que Lacan realiza en este seminario bordea, casi siempre, la problemática del síntoma. Este borde es necesario ya que aparecen el a como objeto del deseo y la angustia en relación al deseo del Otro.

Sin embargo, cuando todo hacía sospechar que de la tríada inhibición, síntoma y angustia, el segundo quedaría fuera, Lacan nos conduce al meollo del síntoma, presentando como su paradigma al síntoma obsesivo. Y lo presenta de esta manera porque el síntoma obsesivo permite detectar que el a es la causa del síntoma.

La compulsión, fruto del lenguaje interior, si no se realiza despierta la angustia. De esta manera, el a toma su lugar entre la angustia y el deseo.

El síntoma obsesivo sólo se constituye cuando el sujeto se percata de él, o de otra manera: para que el síntoma salga del estado de enigma que aún no estaría formulado, es necesario que entienda que hay una causa del síntoma.

El paso que da Lacan es definir el a como el resto de la constitución del sujeto en el Otro, sujeto barrado. Y el síntoma pasa a ser un resultado de la constitución del sujeto en el lugar del Otro, es decir, que el síntoma lleva implícito el a como su causa.

En el Seminario de “La angustia” resulta un tanto difícil separar deseo de goce, por eso la causa es causa de deseo y, esta causa, está envuelta en su armazón significante: núcleo de deseo reprimido y envoltura formal del síntoma.

Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964).

¿Por qué cuatro conceptos fundamentales?. ¿Por qué el síntoma no es un concepto fundamental del psicoanálisis?. Estas preguntas nos llevarían muy lejos. A falta de tiempo, sí podemos constatar que en “Los cuatro conceptos” poco se habla del síntoma.

Encontramos una primera aproximación en la clase 1: “El síntoma es, en primer lugar, el mutismo en el sujeto que se supone hablante. Si habla está curado de su mutismo, evidentemente. Más esto no nos dice del todo por qué ha empezado a hablar”. Esta afirmación está dicha en referencia al síntoma histérico y a la importancia de éste en el origen del psicoanálisis. Afirmando que el rasgo diferencial de la histérica es que en el movimiento mismo de su habla constituye su deseo. Esta relación entre el deseo y el lenguaje constituye lo que Freud designó como inconsciente, relación que también sostiene la dimensión sintomática.

Es necesario tener en cuenta que, si bien es cierto que en el Seminario 11 hay pocas referencias al síntoma, estas referencias dejan una estela de sorpresa. Es así como podemos ver referido también al origen del psicoanálisis, y en relación a la pseudociesis de Bertha Pappenheim: “¿Qué muestra allí?. Podemos especular, pero es preciso que no nos precipitemos, sobre el lenguaje del cuerpo. Digamos, simplemente, que el dominio de la sexualidad muestra un funcionamiento natural de los signos. A este nivel no son significantes, pues el falso valor es un signo, algo para alguien, mientras que el significante es otra cosa, pues representa un sujeto para otro significante”.

Aunque un poco complicado en su sintaxis, podemos entender que todavía Lacan necesita defender su concepción del síntoma como un síntoma natural del lenguaje corporal. Lo hace a través de sostener la vieja diferencia dentro de su enseñanza entre signo y significante, ubicando el síntoma en este último registro.

© ARTURO ROLDÁN
 

     
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