“Freud nos describe la neurosis traumática: (...) Nos dice que estos enfermos, que también son producidos por la guerra, están fijados al trauma. Esta fijación tendería a producir una repetición onírica que perturba la vida de quien la sufre”.

Una foto de cualquier guerra

 

SE REPITE PARA NO RECORDAR

Uno de los motivos por los cuales las personas consultan al psicoanalista, o más en general a los “psicólogos”, es cuando la repetición deviene sintomática. Es decir, cuando la repetición es fuente de sufrimientos, de malestares. A lo que se agrega la sospecha de que esa situación no es obra de la casualidad, ni culpa de los otros.

De esta manera podemos escuchar a aquella joven que consulta porque sus repetidos fracasos amorosos la han colocado en una situación insostenible, o aquel hombre joven que cada vez que se aleja de su casa materna produce una situación vital que le obliga a un regreso apresurado.

Podríamos seguir dando ejemplos de este tipo de consultas, pero vale la pena recordar que Freud nos llamó la atención sobre estas situaciones clínicas que le permitieron elaborar el concepto de repetición, que es útil en la clínica y en la psicopatología de la vida cotidiana.

Podemos encontrar estas observaciones clínicas, entre otros lugares, al final del capítulo tercero de “Más allá del principio del placer”, verdadero tratado sobre la repetición, donde Freud nos habla de las “neurosis de destino”. Ésta es una noción más bien descriptiva, en la cual menciona cómo determinadas personas sufren un destino repetido, cuasi demoníaco, con una seguidilla de amigos que les traicionan, o que siempre les pagan con ingratitudes, etc. En estos casos habría aparentemente un destino escrito que se repite de forma inexorable y, casi siempre, quien lo sufre se siente inocente y, más aún, víctima de oscuras fuerzas exteriores.

Esta repetición de un malestar, esta repetición de un placer en un displacer, es algo que Freud intuye desde el comienzo de su obra y a lo que da amplia acogida en sus textos. Comencemos por el principio.

La repetición aparece como transferencia.

Volvamos una vez más al texto ya citado en la primera clase: “Psicoterapia de la histeria”. Al final de este escrito, y cuando Freud tiene que hablar de los obstáculos en la cura analítica, aparece una situación novedosa que justamente por su novedad nos permitirá una cita bastante extensa: “3. Cuando la enferma se espanta por transferir a la persona del médico las representaciones penosas que afloran desde el contenido del análisis: Ello es frecuente, y aún de ocurrencia regular en muchos análisis. La transferencia sobre el médico acontece por enlace falso. Aquí me veo precisado a dar un ejemplo: el origen de cierto síntoma histérico era, en una de mis pacientes, el deseo que acariciara muchos años atrás, y enseguida remitiera al inconsciente, de que el hombre con quien estaba conversando en ese momento se aprovechara osadamente y le estampara un beso”. En la cita que traemos podemos leer con facilidad que aparece la repetición de un deseo antiguo, que al presentificarse produce una detención de la cura de la paciente.

Esta detención está determinada por la imposibilidad de recordar, y en el lugar del recuerdo surge la repetición, es decir, se repite para no recordar, o de otra manera: donde termina la rememoración comienza la repetición.

No fue obra del azar que el concepto de transferencia naciera de la mano de la repetición, es que en la transferencia encontramos una vertiente que se solapa con la repetición y que fue vista de entrada por Freud.

La emergencia de la repetición y la transferencia en forma conjunta, produjo una situación de confusión entre los dos conceptos que originó una dificultad importante.

La repetición en la clínica.

La repetición aparece en distintos fenómenos clínicos. Ya hemos nombrado la neurosis de destino, pero aparece además en la persistencia de los síntomas que transportan viejas repeticiones que producen un retorno de aquello que estaba reprimido.

Aquí basta dar el ejemplo de algunos síntomas obsesivos, como los rituales de lavarse las manos repetidamente, apagar la luz o el gas multitud de veces, etc. También se puede visualizar la repetición en síntomas histéricos, como en la repetición de síntomas conversivos, o en la repetición de rasgos perversos, como el quedar repetitivamente ubicado en el hacerse pegar.

Pero además de en los síntomas, la repetición se muestra en los sueños, dando lugar a pesadillas repetidas como las que se suelen observar en los niños, lo cual abre un problema difícil, ya que la repetición infantil toma carta de ciudadanía y produce la impresión de una repetición sumamente precoz. Esta precocidad plantea el interrogante de saber qué es lo que se repite en la repetición infantil, pregunta que puede ampliarse a: ¿Qué se repite cuando se repite?.

¿Qué se repite cuando se repite?.

Todo tipo de teorías han intentado explicar qué es la memoria, pero aún no se ha podido construir una teoría general de ésta. La memoria sigue guardando misterios que aún no han sido desvelados, misterios que se ahondan a medida que se extienden hacia atrás, hacia la infancia. ¿Por qué se recuerda tal cosa y no tal otra?. ¿Por qué, de un mismo hecho objetivo, uno recuerda algo que nada tiene que ver con lo que recuerda el otro?.

Freud tampoco tiene una teoría general de la memoria, su apuesta tiene otro punto de partida: un recuerdo reprimido cumple la función de producir un síntoma, aunque, como es lógico, esta relación directa se va modificando con el devenir de su teoría.

Recordemos que Freud comienza a trabajar con la hipnosis para producir una catarsis; es decir, se trataba de volver conscientes los recuerdos reprimidos para, con este proceso, liberar la energía que producía los diversos malestares.

El abandono de la hipnosis por problemas éticos, le conduce a la interpretación de las asociaciones libres del paciente. Es decir, Freud comunica al paciente su interpretación y éste, a partir de dicha interpretación, produce una elaboración de lo que no había sido consciente hasta ese momento.

De esta manera, el olvido aparece como una falla en la memoria que produce síntomas y neurosis. Por supuesto, se trata de unos olvidos muy particulares, ya que Freud los califica de “retenciones” en el sentido de que dichos olvidos fueron dejados de lado sin llegar a ser verdaderamente olvidados. Por eso el analizante suele manifestar después de una interpretación que le hace ver un aspecto desconocido de sí mismo: “eso lo sabía, pero no lo había pensado nunca de esta manera”. Esta vertiente corresponde a lo que podríamos llamar un olvido simbólico.

Sin embargo, hay otro grupo constituido básicamente por las fantasías, o los fantasmas que nunca pudieron ser olvidados porque nunca fueron conscientes. Esta vertiente, que podríamos llamar la vertiente real de la repetición, la observamos con cierta facilidad en la neurosis obsesiva, donde el olvido se ha limitado a destruir conexiones, a suprimir relaciones causales y a aislar recuerdos enlazados entre sí.

Esta característica de la memoria freudiana nos hace ver que a veces el analizante no recuerda nada de lo olvidado, sino que lo vive de nuevo. “No lo reproduce como recuerdo, sino que lo repite como acto”. Y lo más curioso de esta situación es que lo repite sin saberlo, lo cual da la impresión de la marca de un destino inexorable.

Entonces, ¿qué se repite cuando se repite?. Freud da una respuesta clara: Se repite “todo lo que se ha incorporado al ser del paciente partiendo de las fuentes de lo reprimido: sus inhibiciones, sus tendencias inutilizables y sus rasgos de carácter patológicos”. Pero hay más, porque Freud no escatima ejemplos para mostrarnos lo que es para él la repetición. En 1914, en “Recuerdo, repetición y elaboración”, lo dice de esta manera: “Por ejemplo: el analizado no cuenta que recuerda haberse mostrado rebelde a la autoridad de sus padres, sino que se conduce de esta forma con respecto al médico. No recuerda que su investigación sexual infantil fracasó, dejándole perplejo, sino que produce una serie de sueños complicados y ocurrencias confusas, y se lamenta de que nada le sale bien y de que su destino le conduce a no conseguir jamás llevar a buen término una empresa. No recuerda haberse avergonzado intensamente de ciertas actividades sexuales y haber temido que los demás lo descubriesen, sino que se avergüenza del tratamiento a que ahora se encuentra sometido y procura mantenerlo en secreto”.

Estos ejemplos freudianos esclarecen lo que se repite cuando se repite, y sin embargo en los ejemplos mismos vemos deslizarse cierta ambigüedad entre lo que hemos llamado repetición simbólica y repetición real.

Esta ambigüedad freudiana es manifiesta en la clínica, ya que la repetición es una repetición en acto y este acto es en la transferencia. Pero esto se debe a que la cita que hemos traído es de 1914, cuando todo el edificio freudiano estaba construido sobre la base del principio del placer, es decir, cuando el funcionamiento del aparato psíquico freudiano se basaba en la tendencia a un equilibrio energético lo mas bajo posible. Dicho de otra manera, el displacer estaba determinado por el aumento de la energía y el placer correspondía a la descarga de la excitación acumulada. Y, desde esta perspectiva, el acto repetitivo constituía una descarga del aparato psíquico.

Se repite lo traumático.

La andadura freudiana sufre un cambio de rumbo fundamental en 1920, con la publicación de su obra “Más allá del principio del placer” en la que introduce la pulsión de muerte. Este concepto, controvertido incluso en nuestros días, lleva a una forma de entender la repetición distinta a la de 1914, o para decirlo más ajustadamente, profundiza este concepto sin abandonar su acepción anterior.

Girando sobre sus propias conceptualizaciones, Freud nos dice que el funcionamiento del principio del placer tiene sus límites y que, más allá de este principio, lo que predomina es el placer en el displacer. Este descubrimiento freudiano, tan importante o más que el de la sexualidad infantil, subvierte la idea que el sujeto humano tiene de sí mismo, y está basado en una situación empírica: la neurosis traumática.

En el apartado dos de “Más allá del principio del placer”, Freud nos describe la neurosis traumática: “Después de graves conmociones mecánicas, tales como choques de trenes y otros accidentes en los que existe peligro de muerte, suele aparecer una perturbación, desde hace mucho tiempo conocida y descrita, a la que se le ha dado el nombre de neurosis traumática”. Es necesario recordar que Freud pone todo el énfasis en la repetición de una pesadilla que reintegra al sujeto al momento del trauma. Nos dice que estos enfermos, que también son producidos por la guerra, están fijados al trauma. Esta fijación tendería a producir una repetición onírica que perturba la vida de quien la sufre.

En este mismo texto fechado en 1920, en este “Más allá del principio del placer”, verdadero tratado sobre la repetición, cita como segundo ejemplo los juegos infantiles, de los que hablaremos en otro momento.

Y el tercer pilar sobre el que asienta este tratado sobre la repetición es la neurosis de transferencia, es decir la compulsión de repetición en acto, y en la cura analítica, de situaciones que el analizante no recuerda del todo, y que repite sin saber que repite llevado por la obsesión. Es así como se repiten algunas cuestiones más o menos típicas. Por ejemplo, se repite bajo transferencia la sensación de haber perdido el amor de los padres por el nacimiento de un nuevo hermano. Se repiten los celos. Y hasta es común la repetición de un cierto sentimiento de desprecio derivado de los castigos infantiles, lo que lleva a veces a la interrupción de la cura.

Pero este sufrimiento derivado de la repetición también se lo puede encontrar en el ámbito individual en la psicopatología de la vida cotidiana, donde la lista de ejemplos puede ser infinita: desde esa ama de casa alcohólica que sostiene su sufrimiento con un sacrificio que nadie le exige, hasta aquel ludópata cuyo único objetivo es perder en el juego cuanto tiene para pasarlo mal. E incluso podríamos hablar de los malestares colectivos provocados por la repetición en los hombres y mujeres de este planeta, como lo ejemplifican las guerras que nunca terminan y que suman situaciones dolorosas a los dolores que podríamos llamar naturales, es decir, a los que provienen del cuerpo y de las catástrofes de la naturaleza.

© ARTURO ROLDÁN
 

     
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